Todo negocio depende de otros. Una panadería depende de quien le vende la harina, una agencia de su proveedor de alojamiento, una tienda de su servicio de mensajería. Cuando uno falla, su cliente no culpa al proveedor: le culpa a usted. Por eso conviene saber cómo trabajan sus proveedores clave antes de que algo salga mal.
Una auditoría de proveedores es simplemente una mirada estructurada a cómo un proveedor cumple lo que promete. Para una pequeña empresa puede ser ligera, rápida y amistosa. El objetivo es confianza con pruebas, no sospecha.
Empiece con una lista y una clasificación
Anote a todos aquellos a quienes compra. De cada uno, apunte qué compra, cuánto gasta y qué les pasa a sus clientes si fallan. Después clasifíquelos por riesgo:
- Alto: no puede sustituirlos con facilidad, o su fallo detiene su trabajo o perjudica a un cliente. Ejemplos: su fabricante principal, su proveedor de alojamiento del software, quien gestiona los pagos o los datos de sus clientes.
- Medio: su fallo duele, pero puede sortearlo en unos días.
- Bajo: puede cambiar con poco esfuerzo.
Dedique primero su esfuerzo al grupo alto. Para el grupo bajo, basta con echar un vistazo a las opiniones y revisar las facturas.
Decida qué importa en cada caso
Las preguntas dependen de lo que suministren. Algunos temas aparecen a menudo:
- Entrega. ¿Entregan lo correcto, a tiempo? ¿Le avisan pronto cuando no pueden?
- Calidad. ¿Cómo comprueban su trabajo? ¿Qué pasa cuando algo está mal?
- Capacidad y continuidad. ¿Qué ocurre si enferma su persona clave o si su sede queda fuera de uso? ¿Tienen un plan de respaldo?
- Legal y seguridad. ¿Pueden hacer legalmente lo que hacen? ¿Tienen las licencias, los seguros o los certificados que exige el trabajo?
- Información y datos. ¿Tratan datos suyos o de sus clientes? ¿Cómo se protegen, dónde se guardan y quién puede verlos?
- Personas y ética. ¿Tratan con justicia a sus trabajadores y cumplen la ley? Esto importa más en unos oficios que en otros.
Elija los tres o cuatro que más importen para cada proveedor de riesgo alto.
Elija el método
Tiene tres niveles de esfuerzo.
Un cuestionario. Envíe una lista corta de preguntas y pida pruebas con las respuestas: un certificado, una política, un registro de ejemplo. Diez preguntas bastan. Es rápido para ambas partes y le deja algo que archivar.
Una llamada o visita por vídeo. Pídales que le enseñen cómo hacen el trabajo. "¿Puede mostrarme cómo pasa un pedido de la recepción al envío?" Ver revela más que leer.
Una visita presencial. Para proveedores cuyo fallo sería grave. Dígales con antelación qué quiere ver y a quién quiere conocer. Lleve una lista de comprobación breve y tome notas.
En todos los casos, mantenga un tono de colaboración. A la mayoría de los proveedores les gusta un cliente que se preocupa por la calidad.
Haga preguntas que exijan pruebas
"¿Tienen un proceso de calidad?" recibe un sí. "Envíenos su procedimiento para tratar un lote defectuoso y un ejemplo del último año" recibe la verdad. En cada respuesta, pregunte qué la demuestra.
Puede usar un certificado reconocido como ISO 9001 o ISO 27001 como una prueba más. Compruebe que esté vigente, que cubra el trabajo que compra y que lo haya emitido un organismo real. Un certificado no sustituye que usted mismo mire aquello en lo que se apoya.
Registre y valore
Por cada pregunta, anote el resultado: cumple lo que necesita, lo cumple en parte, no lo cumple o no procede. Escriba lo que vio o recibió. Después dé al proveedor una valoración global: aprobado, aprobado con condiciones o no aprobado.
Sea justo y coherente. Juzgue a cada proveedor con el mismo criterio para su nivel de riesgo.

